miércoles, mayo 11, 2005

La muerte vendrá

Yo tengo una visión particular sobre la muerte y la vida, no es especialmente extraña aunque hay gente que la tacha de pesimista, y yo prefiero llamarla realista.

Partiendo de la base de que no hay nada después de la muerte (mis planteamientos divinos los comentaré en otro momento), y suponiendo que esto sea cierto, comienzo a ver lo que han intentando “colarnos” por “vida eterna” como un espacio vacío en el que no hay conciencia alguna de ser, hay un cuerpo inerte dentro de una caja de cedro, unas cenizas esparcidas en alguna colina o prado donde jugábamos de pequeños y otras tantas formas de pasar el lindo tiempo que se nos a concedido (a alguien se le ocurrió la genial idea de que pasáramos más tiempo en el limbo (no, no es ninguna bebida exótica, ni me refiero a ninguna extraña danza guatemalteca) que “disfrutando” de una “genial” “vida” en las playas de Malibú.). Lo mejor de estar en éste estado (aparte del tiempo libre y la falta de responsabilidades) es la ausencia de recuerdos (nótese la ironía).

Bueno, esto en realidad tiene su parte positiva y su parte negativa. La positiva es que si has pasado una amarga vida, llena de penurias y desdichas te queda el consuelo de que en el otro barrio nadie se va a acordar de eso (aunque hayas hecho cosas malas con un bote de mermelada y tu perro) por lo que puedes dejar el muerto de la hipoteca a tus hijos y estos a tus nietos. La parte negativa es que si te has tirado toda la vida abriendo puertas para poder llegar a ser como tú querías y si te has reído más que en una película de los Monty Phytons (no me acuerdo si se escribe así, pero se entiende) no vas a poder revivir esos lindos instantes de tu vida, porque ahora tu cuerpo putrefacto es comida de gusano embalada.

Próximo capítulo: La muerte II (el regreso)