A "Esperanza"
No tiene sentido publicar el siguiente texto si no es hoy, si no es 23 de noviembre (otra vez). Es posible que no entendais el por qué de todo esto, es una historia muy larga y no es el tema que nos ocupa (un poco, pero no mucho). Se supone que me lo tendrían que haber publicado en el semanario de ámbito universitario "el vicent", pero ahora mismo no sé si lo han publicado o no. Y eso... ahí va:
Hace 3 años, frente al mar que vio brotar nuestro amor, recibí la más certera de las puñaladas: una que me horadó el alma y me anudó al mundo.
Me dejé encantar con falsas promesas de amor eterno; al fin y al cabo tus palabras eran cálidas y dulce la voz que las susurraba. Sólo deseo que seas esclava de ese hechizo igual que yo, ahora que sé el verdadero significado de un “te querré siempre”. Es cierto, las palabras se las lleva el aire, pero mi corazón no entiende de huracanes.
Sé que no te puedo prometer la luna, ni que escribiré tu nombre en el firmamento, ni que abriré mares y partiré montañas por ti. Sé que no debo hacerlo para que no tengas miedo, para que no te asustes al encontrar la luna en las faldas de tu ventana.
Las heridas de mi caída escuecen todavía, pero a veces merece la pena morder el polvo. Uno no tropieza todos los días con una piedra preciosa…
Hace 3 años, frente al mar que vio brotar nuestro amor, recibí la más certera de las puñaladas: una que me horadó el alma y me anudó al mundo.
Me dejé encantar con falsas promesas de amor eterno; al fin y al cabo tus palabras eran cálidas y dulce la voz que las susurraba. Sólo deseo que seas esclava de ese hechizo igual que yo, ahora que sé el verdadero significado de un “te querré siempre”. Es cierto, las palabras se las lleva el aire, pero mi corazón no entiende de huracanes.
Sé que no te puedo prometer la luna, ni que escribiré tu nombre en el firmamento, ni que abriré mares y partiré montañas por ti. Sé que no debo hacerlo para que no tengas miedo, para que no te asustes al encontrar la luna en las faldas de tu ventana.
Las heridas de mi caída escuecen todavía, pero a veces merece la pena morder el polvo. Uno no tropieza todos los días con una piedra preciosa…
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