La mochila
Ande por donde ande y vaya por donde vaya, llevo conmigo algo indispensable para mí: una mochila.
Así a simple vista no llama mucho la atención. No es de colores chillones, ni especialmente grande, ni tiene pintadas a boli frases de insignes personajes o ilustres amigos. Es una mochila normal, con sus cremalleras, sus compartimentos "secretos", en fin, todo eso que una mochila normal que se precie debe tener.
Pero, si alguien palpara el bulto que llevo colgado a la espalda, si alguien lo estruja, o intenta arrebatármelo, se dará cuenta de una particularidad: está vacía.
Los que me conocen pero todavía no se han atrevido a preguntar, especulan sobre las motivaciones que me llevan a pasear esta oquedad textil que deforma mi espalda. La lleva por estética, - dicen unos - quiere representar el sentido que encuentra a su vida - comentan otros-. Pero los que no han oído la llamada de la curiosidad traqueando su cabeza están en la inopia.
Mirad, yo llevo mi mochila vacía para guardar los momentos de cada día, los buenos y los malos.
Los malos para enseñarme mis errores, lo que no debo volver a hacer, para no ser como ciertas personas a las que odio. Recordarme que de los errores se aprende, que aunque sea como soy puedo cambiar, enmendar lo que he hecho en un futuro que siempre nos brinda segundas oportunidades.
Los buenos para demostrarme que siempre hay momentos felices, y personas por las que merece la pena vivir. Existen motivos por los que levantarse de la cama, que si caes, hay gente dispuesta a sacarte de la via del metro.
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A Tomás, por su experiencia vivida y por su cuento. Yo tengo tu reloj en la pared, ahora tu tienes mi mochila.
Así a simple vista no llama mucho la atención. No es de colores chillones, ni especialmente grande, ni tiene pintadas a boli frases de insignes personajes o ilustres amigos. Es una mochila normal, con sus cremalleras, sus compartimentos "secretos", en fin, todo eso que una mochila normal que se precie debe tener.
Pero, si alguien palpara el bulto que llevo colgado a la espalda, si alguien lo estruja, o intenta arrebatármelo, se dará cuenta de una particularidad: está vacía.
Los que me conocen pero todavía no se han atrevido a preguntar, especulan sobre las motivaciones que me llevan a pasear esta oquedad textil que deforma mi espalda. La lleva por estética, - dicen unos - quiere representar el sentido que encuentra a su vida - comentan otros-. Pero los que no han oído la llamada de la curiosidad traqueando su cabeza están en la inopia.
Mirad, yo llevo mi mochila vacía para guardar los momentos de cada día, los buenos y los malos.
Los malos para enseñarme mis errores, lo que no debo volver a hacer, para no ser como ciertas personas a las que odio. Recordarme que de los errores se aprende, que aunque sea como soy puedo cambiar, enmendar lo que he hecho en un futuro que siempre nos brinda segundas oportunidades.
Los buenos para demostrarme que siempre hay momentos felices, y personas por las que merece la pena vivir. Existen motivos por los que levantarse de la cama, que si caes, hay gente dispuesta a sacarte de la via del metro.
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A Tomás, por su experiencia vivida y por su cuento. Yo tengo tu reloj en la pared, ahora tu tienes mi mochila.
1 Comments:
Puede ser que tu mochila parezca mucho más útil, es más, de hecho además de parecerlo, lo es. Un reloj parado, colgado en la pared, sirve para lo que sirve. Y creo que lo explique en mi cuento. Pero cada vez que lo mires, y sean las 7:15 , recuerda que es el momento en el que mi reloj vuelve a servir, a sentirse vivo, a girar a la misma velocidad que el resto del universo. Y te recoradara como funcionan nuestras vidas.
Yo llevaré tu mochila. Quizá si la hubiera llevado en barna, hubiera guardado muchos momentos. Risas, conversaciones, y algún que otro milagro. De todos modos, espero estrenar tu mochila con una buena coleccion de recuerdos.
Disfruta el reloj, yo haré lo propio con la mochila.
Tomas
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