Como un golpe sordo en mitad de la noche
Andube yo meditabundo por calles y aceras solitarias, no ha mucho tiempo, sin deseos de hallar nada que pudiera cambiar el curso de mi cienagosa vida, cuando algo parecido a un querubín apareció del vacio que cura la amargura y dió al traste con mis vanales esperanzas de regresar al seno de mi hogar imperturbado.
En principio solo pude contemplar su figura, ya que su forma de caminar firmemente por senderos de seguro conocidos por ella desde tiempos inmemoriales, me impedía observar estupefacto, como comprobaría más tarde, su tez pulcra de lino y sus mejillas sonrosadas. Al caminar delante de mí aprecié el dorado hilo con el que se trenzan los sueños, su melena inquebradiza caia sobre sus hombros en cascadas de rizos tan densos que impendían a los ojos de este humilde siervo disfrutar tan solo de un atisbo de su belleza. Con todas mis fuerzas recé a algún Dios, por si existiera, para que me dejara comtemplar el rostro de quien me quitaría el sueño y me devolvería la locura no solo por amor, sino también por ganas de vivir locamente...
Ya que nuestros caminos parecian ir agarrados de la mano, esperé paciente, pero ansioso no obstante, la señal que indicara a mi corazón que debia latir tan rápido como el de un colibrí, pero sin que por ello debiera romperse.
La espera no fue larga, y por sinecura remunerada. No estaba previsto, y aunque perseguía absorto todos y cada uno de sus contoneos, ese giro repentino, como si del destino se tratara, alimento mensamente todos mis deseos y tiro por tierra mis oníricas ilusiones, pues desapareció tras un muro, y en ese giro solo pude mantener los ojos lo suficientemente abiertos para ver como su perfil se esfumaba subiendo sigilosamente unos escalones que yo ya no lograba alcanzar con mi mirada.
Lo único que pude ver, el perfil de su rostro...y ella ya me quita el sueño, y cuando duermo lo hago inquieto, si reposo tranquilo es porque aparece en mi limbo, porque en sueños nuestros caminos siempre se cruzan, veo sus ojos, y ella me mira, no nos tocamos, no decimos nada, agacho la cabeza y sonrio, y cuando me giro, ella ha desaparecido, otra vez...
En principio solo pude contemplar su figura, ya que su forma de caminar firmemente por senderos de seguro conocidos por ella desde tiempos inmemoriales, me impedía observar estupefacto, como comprobaría más tarde, su tez pulcra de lino y sus mejillas sonrosadas. Al caminar delante de mí aprecié el dorado hilo con el que se trenzan los sueños, su melena inquebradiza caia sobre sus hombros en cascadas de rizos tan densos que impendían a los ojos de este humilde siervo disfrutar tan solo de un atisbo de su belleza. Con todas mis fuerzas recé a algún Dios, por si existiera, para que me dejara comtemplar el rostro de quien me quitaría el sueño y me devolvería la locura no solo por amor, sino también por ganas de vivir locamente...
Ya que nuestros caminos parecian ir agarrados de la mano, esperé paciente, pero ansioso no obstante, la señal que indicara a mi corazón que debia latir tan rápido como el de un colibrí, pero sin que por ello debiera romperse.
La espera no fue larga, y por sinecura remunerada. No estaba previsto, y aunque perseguía absorto todos y cada uno de sus contoneos, ese giro repentino, como si del destino se tratara, alimento mensamente todos mis deseos y tiro por tierra mis oníricas ilusiones, pues desapareció tras un muro, y en ese giro solo pude mantener los ojos lo suficientemente abiertos para ver como su perfil se esfumaba subiendo sigilosamente unos escalones que yo ya no lograba alcanzar con mi mirada.
Lo único que pude ver, el perfil de su rostro...y ella ya me quita el sueño, y cuando duermo lo hago inquieto, si reposo tranquilo es porque aparece en mi limbo, porque en sueños nuestros caminos siempre se cruzan, veo sus ojos, y ella me mira, no nos tocamos, no decimos nada, agacho la cabeza y sonrio, y cuando me giro, ella ha desaparecido, otra vez...