sábado, octubre 22, 2005

Un día más

Las espectativas y las ilusiones son muy bonitas... hasta que no se cumplen.

Las veces que viajas y piensas: "Ahora estoy mucho más cerca de tí, si para tí este simple gesto significara lo mismo que para mi..."

Lo siguiente es pensar que vas a estar por las mismas calles por las que ella puede pasar, ¿iremos a los mismos sitios? ¿Me encontraré con alguien que me diga que te ha visto? Algo que hará zozobrar mis ansias de verte. O más importante para mí, ¿Te acercarás a saludarme si topas con mi espalda? ¿Taparás mis ojos con tu manos? ¿Me abrazarás sin que te vea y posarás tu oído sobre mi corazón?

Miro el reloj. El tiempo pasa, pero tú no. Pasa la gente y mis esperanzas se tornan preguntas tediosas de un guión ya marcado. Iban a ser risas y algazara, o, al menos, ese creía que era mi planteamiento. Pero mi careta se va desconchando y la gente descubre mi otro yo. Ya no existe la sonrisa en mi cara. Mi ceño se frunce, mi mueca se tuerce. Solo quiero parar, y dejar a un lado mi triste retrato. Pero eso no es posible. Al menos no ese día. No esa noche. Descansa. Tapa tu frustración. Mañana será otro día... o no.

Zurciré una unión entre tú y yo que ni el odio ni la distancia podrá romper...

domingo, octubre 16, 2005

...siempre a la verita tuya

Trata de estar pendiente, de ser oportuno, de llamar en el momento justo, de prestar oidos, voz y corazón. También trata de empatía, de reciprocidad, de algo mutuo, de generosidad, de poner mente, alma, fe... en manos del compañero.

No quiero fallar, no quiero ser yo quien no esté a tu lado cuando la espina de la vida te traspase. Quiero tocarte y prestarte mi ser, para que juegues con él y alivies así, mujer, momentaneamente tus penas. Convertirme en algo más que en el pañuelo donde tus lágrimas se secan. Quiero ser la palabra que te saca del agravio, te coge de la mano y te lleva donde no se escuchan los gritos egoistas de la gente, donde no puedas ver sus gestos petulantes y cínicos, donde el amor sea panacea y no veneno de los males que te acechan.

Por eso, niña, coge mi mano y toma mi brazo, aquí la confianza no tiene medida, es inmensa e infinita y ya nunca más dará asco. Yo te llevaré por el camino de las baldosas amarillas, y haremos juntos un camino sin maldad, en el que solo tendrás la obligación de disfrutar del trayecto. No busques al mago de Oz y agarra fuerte su brazo...

Si el sol se pone y el grillar de la vida no te deja dormir, lee atentamente lo que te voy a escribir... Yo, estoy aquí y siempre estaré. No lances bengalas al mar, pues es demasiado profundo y caerían en el olvido. Toma un sobre y estampa tu sello, clava con saña letra sobre papel, palabras con rabia que vuelen desde la repisa de tu ventana. Aunque parezca que estamos lejos, recuerda que siempre estoy al otro lado... te mostaré estrellas que nunca habias visto y cantos de sirena calmarán tu desazón.