miércoles, noviembre 23, 2005

A "Esperanza"

No tiene sentido publicar el siguiente texto si no es hoy, si no es 23 de noviembre (otra vez). Es posible que no entendais el por qué de todo esto, es una historia muy larga y no es el tema que nos ocupa (un poco, pero no mucho). Se supone que me lo tendrían que haber publicado en el semanario de ámbito universitario "el vicent", pero ahora mismo no sé si lo han publicado o no. Y eso... ahí va:

Hace 3 años, frente al mar que vio brotar nuestro amor, recibí la más certera de las puñaladas: una que me horadó el alma y me anudó al mundo.
Me dejé encantar con falsas promesas de amor eterno; al fin y al cabo tus palabras eran cálidas y dulce la voz que las susurraba. Sólo deseo que seas esclava de ese hechizo igual que yo, ahora que sé el verdadero significado de un “te querré siempre”. Es cierto, las palabras se las lleva el aire, pero mi corazón no entiende de huracanes.
Sé que no te puedo prometer la luna, ni que escribiré tu nombre en el firmamento, ni que abriré mares y partiré montañas por ti. Sé que no debo hacerlo para que no tengas miedo, para que no te asustes al encontrar la luna en las faldas de tu ventana.
Las heridas de mi caída escuecen todavía, pero a veces merece la pena morder el polvo. Uno no tropieza todos los días con una piedra preciosa…

domingo, noviembre 20, 2005

Tarde de domingo

El tiempo pasa demasiado deprisa. Me doy cuenta de lo poco que cambian las cosas a veces, lo que no se si es bueno o malo. Puede que me esté contradiciendo, pero sé de que hablo.

Sentirse estancado es una sensación que puede no corresponderse con la realidad, la gente necesita una excusa para sentirse mal, os hace falta, eh? Si, a veces la gente tiene ganas de llorar sin razón, escuchar una cancioncilla triste o pasear por lugares que traen malos recuerdos, aunque sin salir de casa también se pueden hacer cosas así, la mente es un instrumento pernicioso, una infiel y traicionera compañera.

En realidad me gustaría que todo siguiera una camino comenzado hace tres años, era una sensación estable, segura, cómoda y agradable, muy agradable; ahora dudo que alguna chica vaya a enamorarse de mí como una quinceañera. Como odio hacerme viejo y darme cuenta de que mi vida sigue unas pautas que no me gustan en absoluto, es un bucle infinito que no tiene final, que se repite una, y otra, y otra, y otra vez. No quiero decir que no soy feliz, en mayor o en menor medida lo soy, el problema es que se lo poquito que me falta y siempre me cuesta encontrar esa pieza del rompecabezas, la pieza central que dé sentido a esa imagen que quiero formar.

Me gustaría no creer que voy a tardar otros 17 años en encontrar eso que me permite evadirme de todo, no por tenerlo, sino por saber que ya no lo estoy buscando.

Clara me escribió hace unos años una frase en la agenda que no olvido: "Dale a un hombre todo lo que desea y será infeliz por no tener nada que anhelar". Yo creo que sería de esos que cuando lo tienen todo solo piensan en cuando dejen de tenerlo, eso podría implicar ser infeliz el resto de nuestras vidas... si podeis convenceros de que eso no es triste, tristísimo, adelante.

martes, noviembre 15, 2005

Sin abrir la boca

Siguiendo con la recolecta de comentarios a spaces messengeros (que es como se diria en italiano), coloco este que escribí no ha mucho tiempo. Espero que os guste, y permaneced atentos (o no).

El tiempo me ha enseñado lo importante que es decir las cosas que uno piensa. Ahora me maldigo, por no haber aprovechado esa oportunidad en muchas ocasiones.

Esto puede liberar y rescatar al que habla tanto como al que escucha. También es exquisito el hecho de que, en ocasiones, sobran las palabras. La delicia del lenguaje no verbal. El contacto físico... Lo importante que es esto, y más aún si cabe, tener la oportunidad de disfrutarlo. Y pensar que a veces somos lo suficientemente estúpidos de evadirnos de esos gestos por un pequeño berrinche... Verdaderamente, en ocasiones me planteo si el ser humano es el animal más inteligente sobre la faz de la tierra.

A lo mejor lo que deberiamos saborear realmente, no es esa comunicación que se produce, sino la deliciosa persona con la que estamos empatizando. A mi particularmente, me gustaría volver a aprender esas tonterias que hacen a mi interlocutora estremecer, eso que hace que se le erice el vello de la nuca y provocar esa sonrisilla cada vez que me susurre "te quiero" al oido.

lunes, noviembre 07, 2005

Sin solución

Creía que estaba curado, que era feliz asumiendo mis carencias, sabía lo que me faltaba pero no me importaba, tiempo por delante, barreras en alto, espadas envainadas. ¡Qué equivocado!

Una palabra bastaba para romper mi reloj vital, ese que se para cuando pienso que tengo las manos vacias, que todo lo que soy no soy todo lo que fuí. No sé si soy más maduro o simplemente más viejo, más sincero o simplemente más callado, más alegre o simplemente más falaz, más amigo o menos yo para repartir. A veces nos convertimos en lo que nunca pensamos que seriamos. Palabras con palabras, hojas de vida escritas.

Una palabra bastaba para bajar las barreras que yo mismo había levantado con lastre, un pequeño lastre al día, un montoncito al mes. Creía que podía abandonar mi vigilancia, que ya era suficiente, que era libre, se acabaron las noches de vigilia, se acabó el amargo café, se acabó el mirar al techo buscando una excusa para no pensar. A veces alguien tropieza con tu trabajo y tu esfuerzo, otros disfrutan dando patadas, y les da igual si es una lata, un balón, o un montoncito de sacos apilados en un lugar... O dónde reside la maldad humana (si es que existe).

Una palabra bastaba para levantar mi dolor en armas, relucientes como antaño, punzantes, limpias, sedientas de sangre, empuñadas por jinetes y caballeros aún más sedientos si cabe. Lo siento, pero soy yo el primero que se ha engañado, lo siento por crear esperanzas donde solo había acuarelas a la interperie, arena en dunas pasajeras, agua que corre, viento que ahulla, lágrimas que corretean por tu rostro... Estas palabras suenan porque estoy herido, y aunque parezca herida mortal, la ironía de la vida me invita a pasar, dice que aún quedan espadas en alto, que quedan cuentas que saldar, que aunque sea fino y esquivo no quedará palabra sobre papel ni hoja donde escribir.