Melopea lúcida
No se de donde sale todo esto. Mucha gente dice que le gusta porque me sale del corazón. A veces hago esa especie de escritura mística que los parapsicólogos estudian. Creo que no es tan fácil. No se si escribo lo que quiero escribir, o escribo lo que pienso que debería escribir. En realidad supongo que es una mezcla de las dos cosas.
En realidad me conformo a veces con tan poco... que insulsa es mi felicidad.
Es lo de siempre. La última noche en Berlín la pasé pensando en el miedo que tenía de volver. En lo fácil que resultaba permanecer tan lejos durante tantos años. Imaginaba una vida sencilla, sin las complicaciones de aquí. Me imaginaba jugando con la nieve, disfrutando de la media noche en el circulo polar, esperando que tu aparecieras por allí si bien antes, alguien con la misma tez no había ocupado tu lugar.
El amor a veces es tan efímero. ¿Realmente buscamos sustitutos en el amor? Es penoso buscar a alguien que abrigue los inviernos que otra dejo. En fin, no dejaríamos de ser el nuevo abrigo que alguien busca porque el anterior se ha quedado antiguo. Es una idea que se repite: el amor es efímero.
Yo no pienso así. Soy de esos pensadores que creían que un amor podía ser para toda la vida. Los tíos que lean esto pensarán: menudo gilipollas. La vida es para aprovechar todo hueco húmedo y medianamente suculento que se nos presente. Menuda mierda de reflexión.
Lo peor de todo es que después de un mes de viaje sigo conformandome con lo mismo. Acompañandote esos 10 minutos escasos del trabajo a tu casa. Soportando esas historietas que cuentan la de tíos que te han tirado los trastos. Escuchando tus mentiras (que utilizas para protegerme).
Lo mejor de todo hoy ha sido tu hermana. Ese ser que sin saberlo me ha alegrado el día. Esa niña traviesa que a pesar de este año y 9 meses (o Dios sabe cuantos) me sigue llamando: Cuñado.
No sé porque, pero gracias Nuria, hoy te he querido más que nunca.
En realidad me conformo a veces con tan poco... que insulsa es mi felicidad.
Es lo de siempre. La última noche en Berlín la pasé pensando en el miedo que tenía de volver. En lo fácil que resultaba permanecer tan lejos durante tantos años. Imaginaba una vida sencilla, sin las complicaciones de aquí. Me imaginaba jugando con la nieve, disfrutando de la media noche en el circulo polar, esperando que tu aparecieras por allí si bien antes, alguien con la misma tez no había ocupado tu lugar.
El amor a veces es tan efímero. ¿Realmente buscamos sustitutos en el amor? Es penoso buscar a alguien que abrigue los inviernos que otra dejo. En fin, no dejaríamos de ser el nuevo abrigo que alguien busca porque el anterior se ha quedado antiguo. Es una idea que se repite: el amor es efímero.
Yo no pienso así. Soy de esos pensadores que creían que un amor podía ser para toda la vida. Los tíos que lean esto pensarán: menudo gilipollas. La vida es para aprovechar todo hueco húmedo y medianamente suculento que se nos presente. Menuda mierda de reflexión.
Lo peor de todo es que después de un mes de viaje sigo conformandome con lo mismo. Acompañandote esos 10 minutos escasos del trabajo a tu casa. Soportando esas historietas que cuentan la de tíos que te han tirado los trastos. Escuchando tus mentiras (que utilizas para protegerme).
Lo mejor de todo hoy ha sido tu hermana. Ese ser que sin saberlo me ha alegrado el día. Esa niña traviesa que a pesar de este año y 9 meses (o Dios sabe cuantos) me sigue llamando: Cuñado.
No sé porque, pero gracias Nuria, hoy te he querido más que nunca.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home