Me alegro por mi... ¿Me alegro por mi?
Vivo tiempos deslucidos. Tengo un aura que se disipa. Algo muere en mí. Hay fechas que ya no marco en el calendario. Todo vuelve a ser trivial. Es una pena, pero ya no sé por qué perder la cabeza.
Siempre he pensado que nada dura eternamente, objetando que, al amor, sólo podía pararlo la muerte. Compruebo como este –al igual que la energía- ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Un día crees que deseas, pero en realidad amas. Cuando creíste estar amando te encontrabas a ti mismo anhelando, y al estar seguro de echar en falta algo querrías cerciorarte si sigue erizando tu pelo un beso de sus labios.
Ya ni siquiera es amor. Ni siquiera deseo. Sólo curiosidad… o ni siquiera eso.
El amor también se disipa, y al ver mi aura ofuscada quise saber si el causante era el tiempo o la ausencia continuada de tus besos.
Así fue como comencé a amarte silenciosamente con pesimismo.
Siempre he pensado que nada dura eternamente, objetando que, al amor, sólo podía pararlo la muerte. Compruebo como este –al igual que la energía- ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Un día crees que deseas, pero en realidad amas. Cuando creíste estar amando te encontrabas a ti mismo anhelando, y al estar seguro de echar en falta algo querrías cerciorarte si sigue erizando tu pelo un beso de sus labios.
Ya ni siquiera es amor. Ni siquiera deseo. Sólo curiosidad… o ni siquiera eso.
El amor también se disipa, y al ver mi aura ofuscada quise saber si el causante era el tiempo o la ausencia continuada de tus besos.
Así fue como comencé a amarte silenciosamente con pesimismo.
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