sábado, febrero 25, 2006

Al caracol dianense

La infidelidad es un juego en el que no me gusta participar. Por desgracia soy espectador pasivo de ese "hobby". Conozco (de lejos) la historia del infiel y del "infeliz". Tengo que admitir que los hombres somos más adúlteros que las mujeres, lo que no quiere decir que yo lo sea ni que las mujeres no lo seais.

Me parece algo muy triste, y lo digo en serio, me entristece cuando oigo a alguién alardear de sus conquistas de una noche cuando lo hace alguien que mantiene una relación de pareja estable. Y es que puede que sea yo el tonto, pero no lo entiendo. Se supone que la gente esta con la persona que quiere, para mí, esa complicidad es más que suficiente para no querer nada más. Yo no puedo estar con una persona a la que no amo, por suerte.

No entiendo porque existe gente que puede y quiere mantener infinidad de relaciones de una noche y sin embargo se emparejan y se dedican a plantar la cornamenta cada fin de semana. Si yo fuera de esos me hincharía a follar como un campeón todos los días que saliera de fiesta, pero hacerle eso a una persona... creo que no existe palabra, frase o concepto en el diccionario con la que poder etiquetarles debidamente. No se debe hacer daño así a una mujer... pena no os enterarais de que vuestro padre no lo es en realidad BASTARDOS.

Seguro que hay alguien para ti. Alguien que se acurruque en tu cama y con el que te duermas en sus brazos segura de que en ellos sólo cabes tú. Quien te coja por el cuello únicamente para besar tu mejilla. Ese que siempre va a poner sus oídos para escucharte, su boca para aconsejarte y su hombro para consolarte. Una persona que te estruje los carrillos cuando estes celosa y te grite que sólo te quiere a ti, porque tu serás esa niña que le hará olvidarse de los colores del crepúsculo, la muchacha de piel tersa que sustituira su abrigo y la mujer con la que morir de pena cuando se extingan vuestros dias.

lunes, febrero 13, 2006

Filosofía de vida

Tengo dos frases sobre las que intento hacer girar mi vida. Teniendo en cuenta lo difícil que eso resulta me admiro a mi mismo por conseguirlo a veces, siendo consciente de lo que conlleva aceptarlas y seguir los pasos que marcan como un rastrillo marca la arena. No son grandes frases de grandes pensadores, y seguramente no fueron concebidas para ser filosofía de vida de nadie. No son hermosas frases que hacen admirar a quienes las escribieron o enamorarse de quien las pueda repetir. Solo son "mis dos frases", y puede que sean las que mejor resumen mi forma de vivir o de ver la vida, o al menos de como intento llevar mi existencia.

La primera de ellas puede que algun@s ya la conozcais: "Morir cuerdo, vivir loco". Cuatro palabras que dicen mucho. Uno no sabe como va a morir, cabe la posibilidad de que sea un momento en el que el juicio nos ha abandonado completamente. El verdadero jugo de la frase reside en ese "vivir loco". Vivir loco es no vivir atormentado por el "¿Qué dirán?", significa no actuar en consecuencia, solo vivir por impulsos y deseos, lo que quiero hacer cuando quiero hacerlo, y eso abarca desde gritar un nombre en la soledad del faro del dique de levante hasta decirle a una chica delante de sus amigos que solo quería saludarla porque me parecía una niña muy mona.

La segunda es una declaración de principios: "Perdón, lo siento, pero de lo único que me suelo arrepentir es de lo que no hago". Y pretendo que sea así, no quiero dar vueltas en la cama porque no me acerqué a aquella chica en nochevieja, me gusta ser esporádico. Esta frase refuerza mi pensamiento de hacer lo que me apetece cuando me apetece. No tener que arrepentirme por no hacer algo es tan gratificante... y aun así dejo cosas sin hacer.

Continuaré llevando a cabo esta manera de vivir, así, al menos, podré llegar a la cama y dormirme plácidamente, esbozando una sonrisa y pensando: Al menos lo intenté...

...intenté besarte, pero no me dejaste.

martes, febrero 07, 2006

Cosas que me gustan

Lista ampliable e interactiva:

Que se ponga a llover de repente y escuchar el griterío que eso conlleva.
Montar en un coche con techo solar y sacar el cuerpo y notar como me da el aire en la cara.
El ruido de la pinada en un domingo de resurrección (incluido el ruido de la gente).
Estar tumbado en la playa sintiendo como el calor me quema la espalda y escuchar las olas rompiéndose tras de mí.
Ver como alguien se acerca por detrás de su pareja hasta que se da cuenta y se pega un susto.
Sentarme a ver el rompeolas que hay en el paseo.
Despertarme a medianoche y descubrir que me quedan unas horitas más.
La música que me gusta a todo volumen.
Cruzar la mirada con una chica bonita y que me sonría.
Quedarme hablando por ahí hasta las tantas.
Hacer llorar a alguien de felicidad o de risa.
Ir a un viaje largo, quedarme dormido y al despertarme descubrir que he llegado ya.
Encontrarme un billete (aunque sea del monopoly).
Que me halaguen.
Que me digan que alguien ha dicho algo bueno de mí (y me digan el qué).
Pisar la arena en la orilla del mar y ver como se seca alrededor de mi pie.
Descubrir el camino que un animal ha dejado con sus patitas, como un pájaro o un escarabajo.
Una noche de rayos.
Que haya que encender velas porque se ha ido la luz.
La luna llena a las 11 de la mañana.
Una risa contagiosa o la de un niño (que siempre lo es).
Los remolinos de agua (aunque sea en el lavabo).

miércoles, febrero 01, 2006

Un perdón y una promesa

Esta entrada también fue en su día un comentario en un space de messenger, ahora queda a la vista menos restringida de quien quiera leerla. Mi última entrada no a dado lugar a que pensarais lo que yo quería que pensarais. De igual modo, deciros que leo todo lo que poneis y aunque yo no intentaba manifestar lo que a algun@s os transmití, agradezco vuestras palabras y espero que sigais participando en este "sucio rincón de mi negro corazón". Y... eso, ahí va:


El egoísmo es un arma de doble filo que se vuelve peligrosamente contra quien la ostenta y gira su vida en torno a tan voraz y deleznable característica. Voraz porque va consumiendo paulatinamente el ser y el sino de su manipulador, y lo va truncando a su antojo.

El egoísmo trata de anteponer lo que uno es con lo que uno quiere, y eso implica dejar de lado "lo que quieren", porque el egoísta solo conoce un individuo, el "yo". Vive por y para sí, el otro pasa a convertirse en un mero espectador de la petulancia del egoísta, de su vanidad, y por ende de su autodestrucción, porque éste necesita la manifestación de su naturaleza ante un público que raramente consigue mantener.

La propia idiosincrasia del ser humano es desgraciadamente egoísta. Es observable como el instinto de supervivencia, no es más que el deseo primario de conservar la propia vida sobre las demás. Se rumorea que hubo quien sacrificó su vida para salvar la de toda la humanidad, pero eso son casos puntuales y pertenecen a la mitología popular, alimentan la leyenda de que existe gente "buena".

Yo también pertenezco a esa raza prescindible que se hace llamar así misma "ser inteligente" y "animal dominante del planeta". Yo también soy de esa clase de animal de la más despreciable forma de vida que habita estos parajes, que envenena sus propios ríos y despilfarra comida mientras otros mueren de hambre.

Ayer yo también asumí un papel que no me corresponde. Ayer fui el niño malo que necesitaba de una azotaina no recibida, el asesino sin castigo, el viudo sin pena... Ayer perdí la cordura entre cuchillo y tenedor, entre bocado y trago, palabra y soez... Ayer volví a ser ese tonto inútil, el asno sin dueño, el perro sin bozal...Ayer procuré subsanar mi error antes de cometerlo, pero obviamente, para eso siempre es demasiado tarde.

El poco alivio al que me puedo someter es al de pedirte perdón públicamente. Pagué contigo los platos rotos, te hice culpable de mis carencias y mis faltas como persona, me desahogué con y cuando no debía de mis dudas y mis conflictos, de mis miedos, mi pena...

Estas letras que son dudoso alivio para mi, no son moneda de cambio para tu perdón, solo es una manera de decirte que lo siento, que a una persona a la que debo tanto no puedo pagarla a gargajos de palabras.

A riesgo de equivocarme, te prometo que nunca jamás te volveré a fallar. Queda aquí escrito, que si lo hago puedes decirme: Adiós, muy buenas, hasta nunca...