sábado, agosto 26, 2006

Algún día...

Veo cada día como mis sentimientos se pierden en esperas de abrazos y besos que nunca llegan. No es bueno que olvide que todo esto empezó como un juego en el que quien no quería tomar parte era yo. Como creo que ya he dicho, tengo la suerte o, en estos momentos, la desgracia, de no poder controlar lo que siento, y tu supiste hacer trampas sin que yo me enterara.

Ahora me veo lejano en el tiempo, siendo más que nunca un niño de 17 años. Me veo fuerte, inamovible, controlando la partida. Tenía menos de lo que quería y a la vez más. Tú eras en aquellos momentos los labios de la otra. Quien intentaba llenar un vacío por el que pasabas como una mota de polvo pasa por una ventana abierta en pleno mes de agosto. Era un capullo, si, pero tenía el control, y como aquello no era amor, lo tenía todo.

Empiezo a escribir esto porque ya no se lo que siento. Me confunde el deseo con el amor. Que no sé si quiero estar contigo por lo que eres o por lo que fuimos. A veces me vuelvo loco y empiezo un texto en el que entre tanto beso y abrazo, lo único que quiero decir es que tu me completas, pero me pongo triste, porque ya no se si eso es verdad, y quiero llorar porque lo que siento ya no es como antes y te juro que me dueles, y lo fácil sería pensar que te odio, y empezar a odiarte cada día un poco más, y si a ti un día te diera por quererme no pasaría nada, porque dicen que el odio es el sentimiento más cercano al amor.

Así que si me ves rabiar con los ojos encolerizados, gritándote en medio de una calle plagada de gente, rompiéndome la mano contra alguna pared, no te preocupes, es que te quiero.

miércoles, agosto 23, 2006

Tan sencillo como eso

Como siempre, me gusta amedrentarme con pequeñas sensaciones y placeres que por el momento no puedo tener, esas nimiedades que al poder disfrutar de ellas las etiquetamos de banalidades e insustanciales pero que cuando desaparecen se convierten en esos grandes imposibles.

Ahora, me gustaría estar tumbado en la cama con una suave pierna de mujer que me cruce la cintura, su mano izquierda en mi pecho y su cabeza apoyada en mi corazón, rebotando con cada latido. Ella se incorporaría y clavaría su mirada en mis ojos marrones, me acariciaría el pelo y me lo echaría hacia atrás, endulzaría sus ojos como diciéndome que tocarme y estar conmigo no es suficiente, temerosa de que esta unión algún día se deshaga. Tocaría con el revés de sus dedos mis labios, entreabriendo mi boca, llenándola de su sabor, espirando un suspiro dentro de ella y me daría un beso en la mejilla, en la parte más cercana a la nariz.

Y eso sería sólo para dormir, y ni siquiera le haría falta decirme que me quiere.

sábado, agosto 12, 2006

Melopea lúcida

No se de donde sale todo esto. Mucha gente dice que le gusta porque me sale del corazón. A veces hago esa especie de escritura mística que los parapsicólogos estudian. Creo que no es tan fácil. No se si escribo lo que quiero escribir, o escribo lo que pienso que debería escribir. En realidad supongo que es una mezcla de las dos cosas.

En realidad me conformo a veces con tan poco... que insulsa es mi felicidad.

Es lo de siempre. La última noche en Berlín la pasé pensando en el miedo que tenía de volver. En lo fácil que resultaba permanecer tan lejos durante tantos años. Imaginaba una vida sencilla, sin las complicaciones de aquí. Me imaginaba jugando con la nieve, disfrutando de la media noche en el circulo polar, esperando que tu aparecieras por allí si bien antes, alguien con la misma tez no había ocupado tu lugar.

El amor a veces es tan efímero. ¿Realmente buscamos sustitutos en el amor? Es penoso buscar a alguien que abrigue los inviernos que otra dejo. En fin, no dejaríamos de ser el nuevo abrigo que alguien busca porque el anterior se ha quedado antiguo. Es una idea que se repite: el amor es efímero.

Yo no pienso así. Soy de esos pensadores que creían que un amor podía ser para toda la vida. Los tíos que lean esto pensarán: menudo gilipollas. La vida es para aprovechar todo hueco húmedo y medianamente suculento que se nos presente. Menuda mierda de reflexión.

Lo peor de todo es que después de un mes de viaje sigo conformandome con lo mismo. Acompañandote esos 10 minutos escasos del trabajo a tu casa. Soportando esas historietas que cuentan la de tíos que te han tirado los trastos. Escuchando tus mentiras (que utilizas para protegerme).

Lo mejor de todo hoy ha sido tu hermana. Ese ser que sin saberlo me ha alegrado el día. Esa niña traviesa que a pesar de este año y 9 meses (o Dios sabe cuantos) me sigue llamando: Cuñado.

No sé porque, pero gracias Nuria, hoy te he querido más que nunca.