domingo, agosto 24, 2008

Como una casa

Están siendo días de no parar por casa, de no dejar al cerebro pensar, de huir de aquí y de todas partes, de no aparecer por ningún sitio. Pero si saliera sería para pensar en lo mismo, para darle mil vueltas a la situación. Da igual lo que haga, lo que intente, una y otra vez la misma sensación. Ver la tele, jugar al fútbol, escuchar música. Es de esas veces que sólo oyes a tu cerebro pensar, como cuando necesitas que todo esté en calma para escucharlo, pero sin querer hacerlo.

Alguien dijo no hace mucho tiempo que era patético. No me importó en absoluto porque por suerte tengo un buen ego y considero que hago bastantes cosas bien, y sí, aunque tenga defectos de un ser patético los he conocido peores y con características patéticas más acentuadas.

Joder, pero no me había dado cuenta hasta ayer de lo patético que era. De como llevo tres años haciendo el gilipollas y tragando mierda (porque una cosa es comerla y otra tragarla) y yo sin saberlo ahí, traga que te traga.

Hay muchas cosas en el mundo que no soporto, muchísimas, soy un quejica. Pero si hay algo que odio de verdad es que me mientan, y me han mentido en plan: "toma imbécil este trozo de mierda es para ti, cómetelo con patatas y después húndete en él".

No por decírmelo lo soy, pero ahora lo sé, soy patético.

Y esta mierda enorme, es para ti.