Como tantos...
Aparece. Ahí está, impávida. No busca, no se esconde, observa. Se deleita con su propio caminar, con su vaivén. Sujeta sus caderas, se transforma en el arpa que siempre quiero tocar. Se tuerce y ella sola se mece.
En un instante la encuentro nadando en mi herrumbre. No lo parece, pero me mira con los ojos casi cerrados, y se acerca como una confidente, como si hubiera algo que decirme al oído. Pero se equivoca y sus labios acaban chocando con los míos.
Se aparta y se le escapa una sonrisa. Vuelvo a caer y pienso que me he convertido en el extraño hombre-objeto, listo para la conversión en trofeo. Pero se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y… se muerde el labio.
No lo supe, pero era la primera vez que me sentía deseado.
1 Comments:
Ya chocarán esos labios que tanto anhelas con los tuyos.
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