martes, enero 13, 2009

Historia de un martes y trece
















Creía que nunca sería temeroso con los martes y trece, hubo días en los que incluso me aventuré a cruzar por debajo de alguna escalera y nada pareció cambiar. Tiene que ver con haber nacido un trece, se le pierde el miedo al número.

Supongo que hay cosas que pasan porque tienen que pasar, a veces parece que todo sucede por una razón aunque nunca sepamos a ciencia cierta qué razón es esa hasta que es demasiado tarde (para bien o para mal).

Y hoy ha sido un martes y trece no malo, no ha habido ninguna catástrofe, no ha saltado ninguna de mis piernas por los aires, pero renuncio a soñar por no encontrar a cierta persona navegando en aguas de Morfeo. No sé a qué sonará, pero en ocasiones es necesario renunciar a los sueños por algo de bienestar. Pero siendo hoy el día que es, he tenido la mala suerte de encontrármela, qué de coincidencias se tienen que haber dado para que ese pseudo-encuentro tuviera lugar… el sino es caprichoso. Tal vez esto quiera decir que debo dejar de estudiar, porque empiezan los exámenes y lo que menos me hace falta es inestabilidad o puede que haya sido un toque de atención al estilo “eh Rafa, tranquilo, esto ya está superado”. Es temprano para decirlo.

Pero creo que está claro que más o menos, esta lejanía nos ha hecho bien, hemos soltado lastre, quizás ahora aprendamos a amar cada uno a quien quiera, aunque eso nos lleve un tiempo. Quizás nos hagamos más fuertes a base de palos, intentando olvidar una y otra vez todo este tiempo, que, seamos sinceros, no ha sido poco. Pero para mí no está todo acabado, nunca lo ha estado, sólo que ambos somos, reconozcámoslo, demasiado cabezones. O puede ser que en realidad todo esto no te importe en absoluto, de lo cual me alegro, porque también formará parte de eso de aprender a amar otra vez.

Una vez tuve un sueño despierto, uno en el que pasaba algo parecido a lo de hoy, sólo que más serio, con más conciencia el uno del otro, sabíamos que pasaríamos muy cerca, que si quisiéramos nuestros brazos se rozarían como si se tratase de dos extraños despistados, y en ese breve instante en el que nuestros cuerpos compartían apenas un metro cuadrado yo daba mi brazo a torcer y decía: “te echo de menos” y antes de darme cuenta ya tenía una respuesta “y yo también”.

PS: Es curioso que justamente esta mañana me haya encontrado esa nube. Cada uno que la vea como quiera. A mí me parece curioso, como si fuera una señal.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Los trece siempre fueron especiales, al menos para mí
Felicidades Rafa ...

13 marzo, 2009 00:16  
Anonymous Anónimo said...

Pues hoy es la historia de un viernes 13...

13 marzo, 2009 00:18  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home